Burdel, 27 Rue de l'Espoir
Guion: Francis Leroi
Dibujo: Georges Lévis
Año: 1987
Editorial: Toutain
Colección: Sexperiencias
IDI: ESP
‘Julie, te encuentras en una
casa de tolerancia. Los hombres vienen a ver a
las mujeres y a darles dinero.’
Con esta frase sencilla y solitaria
la Madame presenta la historia del ‘Burdel’
de la calle de la ‘Esperanza’, porque para el cliente el burdel se convierte en
un refugio temporal donde buscan olvidar sus problemas, aliviar la soledad o
experimentar una ilusión de afecto y comprensión que no encuentran en su vida
cotidiana. Aunque sea una esperanza pasajera o incluso ilusoria, representa la
búsqueda de algo que les falta.
El cómic no busca construir
una gran trama de aventuras ni un thriller elaborado, más bien se desarrolla
como una sucesión de escenas que muestran la vida cotidiana del burdel. Los
clientes llegan con sus fantasías, las prostitutas exhiben tanto su
profesionalidad como sus vulnerabilidades, y el establecimiento funciona como
un microcosmos donde se reflejan las contradicciones de la sociedad francesa.
El lector asiste a conversaciones, encuentros sexuales, momentos cómicos y
también a instantes de melancolía que revelan que detrás de la fachada erótica
existe una reflexión sobre la condición humana.
El título recuerda
inevitablemente a las famosas ‘maisons closes’ parisinas, aquellos prostíbulos
de lujo que formaron parte del imaginario francés hasta su prohibición a
mediados del siglo XX. Las autoridades del París medieval intentaron limitar la
prostitución a un distrito particular y entonces Luis IX designó nueve calles en el Beaubourg Quartier. A principios del siglo XIX,
empezaron a aparecer en varias ciudades francesas burdeles legales controlados
por el estado que llamaron ‘casas de tolerancia’. Por ley, tenían que ser
manejadas por una exprostituta y su aspecto externo tenía que ser discreto. Para
identificarlas se dispuso que encendieran una linterna roja cuando estaban
abiertas, de donde deriva el término ‘barrio rojo’. En 1810, solo en París,
había 181 burdeles oficialmente aprobados.
El guionista, Francis Leroi,
fue una figura singular dentro de la cultura erótica francesa. Nacido en París
en 1942 y fallecido en Mauricio en 2002, estudió filosofía y desarrolló una
temprana fascinación por el pensamiento libertino y por la obra del Marqués de
Sade. Antes de dedicarse al cómic alcanzó notoriedad como cineasta,
convirtiéndose en uno de los pioneros del cine pornográfico francés durante la
década de 1970. Su carrera estuvo marcada por la voluntad de combinar erotismo,
provocación intelectual y ambición artística. A diferencia de muchos autores
centrados exclusivamente en la explotación sexual, Leroi intentó presentar
personajes complejos y ambientes cuidadosamente documentados. Esa sensibilidad
se aprecia también en este cómic donde el erotismo aparece acompañado por
observaciones sobre las relaciones humanas, las clases sociales y la vida
cotidiana de sus personajes.
El dibujante, Georges Lévis,
es menos conocido internacionalmente, pero su trabajo encaja perfectamente en
la tradición franco-belga del cómic para adultos. Su dibujo se caracteriza por
una línea clara y elegante, con una influencia evidente de la ilustración
realista europea de los años setenta y ochenta. Las figuras femeninas poseen un
atractivo sensual sin caer en la caricatura. Los interiores del prostíbulo
están representados con detalle, desde los salones hasta las habitaciones,
contribuyendo a crear una atmósfera de lujo decadente. Los colores, típicos de
la época, son cálidos y envolventes, reforzando la sensación de estar
observando un mundo cerrado donde el tiempo parece transcurrir de forma
distinta al exterior.
El burdel no se presenta
como un escenario fantástico sino como un lugar habitado por seres humanos
reconocibles. El burdel y la prostitución constituyen uno de los temas más
recurrentes en el cómic erótico y para adultos porque permiten reunir en un
único escenario una enorme variedad de personajes, fantasías, conflictos
sociales y situaciones sexuales. Desde los primeros cómics eróticos europeos de
los años setenta hasta las obras más sofisticadas de autores contemporáneos, el
prostíbulo ha funcionado como un microcosmos de la sociedad, un lugar donde se
cruzan individuos de diferentes clases sociales, profesiones e ideologías,
todos unidos por el deseo.
En el cómic erótico europeo,
especialmente en el francés e italiano, el burdel suele aparecer como mucho más
que un simple espacio para el sexo. Es un escenario teatral donde se
representan las contradicciones de la sociedad. Los clientes pueden ser
aristócratas, políticos, militares, religiosos, artistas o simples
trabajadores, y al entrar en el prostíbulo abandonan temporalmente las máscaras
que utilizan en la vida pública, y el burdel se convierte así en un lugar de
revelación, donde afloran deseos ocultos, frustraciones, obsesiones y debilidades.
Autores como Georges
Pichard, Guido Crepax o Milo Manara utilizaron frecuentemente ambientes relacionados
con la prostitución para reflexionar sobre el deseo y la libertad sexual. En
muchos casos, las prostitutas no aparecen simplemente como objetos sexuales,
sino como personajes que observan a los demás y que son testigos de los
secretos de sus clientes y que conocen aspectos de la naturaleza humana que
permanecen ocultos para el resto de la sociedad.
Existe en los Registros Akáshicos
del Universo un erotismo explícito que sirve para explorar las dinámicas de
poder, deseo y sexo que sostienen la mirada del lector ávido de una cita romántica
y nostálgica como protagonista de ‘Pretty Woman’.
Enlace cómic
https://mega.nz/file/YqxWxKjC#zDjKEIKR2lQSZOEhdouh6hEn2FgUNbfdgpQ7zcpc3z8
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