Las chicas del Pillar
Guion: Teresa Radice
Dibujo: Stefano Turconi
Año: 2019
Editorial: Nuevo Nueve
IDI: ESP
‘Las chicas del Pillar’ se lee al principio como una historia
pequeña, casi íntima, y poco a poco va revelando un mundo entero hecho de
ausencias, solidaridad femenina y silencios que pesan más que las palabras.
Teresa Radice construye el guion con una sensibilidad que evita cualquier
situación grotesca, no hay moraleja explícita ni dramatismo impostado, sino una
mirada cálida y lúcida sobre un grupo de mujeres que viven y trabajan en torno
al Pillar, un burdel portuario que funciona tanto como espacio físico como
metáfora de jaula y refugio. La narración avanza con un ritmo pausado, dejando
que los gestos cotidianos como una conversación al final del día, una mirada
perdida por la ventana o un cigarrillo compartido, digan más que los grandes
acontecimientos.
Varias
mujeres, cada una con su pasado y sus heridas, coinciden en el Pillar en un
momento de sus vidas marcado por la precariedad y la necesidad. No todas llegan
por las mismas razones ni con las mismas expectativas, pero el lugar las iguala
en una rutina que mezcla impureza y complicidad. A lo largo del relato, Radice
va deshilando fragmentos de sus historias personales, mostrando cómo el afecto
entre ellas se convierte en una forma de resistencia frente al mundo que les
compra la dignidad.
El
dibujo de Stefano Turconi es clave. Su trazo limpio y expresivo, con un color
suave que evita contrastes agresivos, dota a cada personaje de una identidad
clara sin caer en la caricatura. Hay viñetas que se quedan grabadas, como una
escena nocturna en la que las chicas se apiñan en una habitación pequeña,
iluminadas por una luz cálida que parece protegerlas del exterior, o un plano
silencioso del muelle al amanecer, con el mar inmóvil y una sensación de espera
melancólica; o esos primeros planos de rostros cansados pero atentos, donde una
ceja levantada o una media sonrisa cuentan una historia entera. Turconi sabe
cuándo llenar la página de detalles y cuándo vaciarla para dejar que el
silencio hable, y esa economía visual refuerza el tono íntimo del guion.
La
fuerza del cómic reside también en cómo texto e imagen se entrelazan sin
competir. Radice confía en el dibujo y escribe diálogos contenidos, naturales,
que nunca explican de más. El resultado es una lectura que exige cierta
complicidad del lector, una invitación a detenerse y observar.
Teresa
Radice se ha consolidado como una de las guionistas italianas más interesantes
del cómic europeo contemporáneo. Con formación en lenguas y una clara vocación
literaria, su obra suele girar en torno a la memoria, la identidad y los
personajes que viven en los márgenes de los grandes relatos históricos o
sociales. Stefano Turconi, por su parte, es un dibujante versátil, capaz de
moverse entre registros juveniles y obras de mayor calado emocional sin perder
elegancia ni claridad narrativa. Juntos forman un tándem muy reconocible,
basado en la confianza mutua y en una idea compartida del cómic como espacio de
emoción contenida más que de estridencia.
Al
final los tres tomos conforman una obra con protagonistas las mujeres que
explotan de forma lúcida y equilibrada con drama y aventura servida o hervida que
el lector puede disfrutar con una piña colada.
Enlace
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