El bastardo de Venus
Autores: Garví y Marau
Año: 1988
Editorial: La Cúpula.
Colección X núm. 13
IDI: ESP
Ediciones La Cúpula es una editorial española
fundamental para el cómic alternativo, underground y erótico, con una historia
que arranca en 1979 y que ha servido de vehículo para divulgar temáticas
adultas desde la seriedad y la sexualidad explícita. Su apertura hacia cómic
alternativo y erótico ayudó a que obras como El bastardo de Venus pudieran existir en un mercado
tradicionalmente dominado por géneros más comerciales y menos comprometidos.
Seguramente por estas circunstancias encontrar
biografías detalladas y completas de los autores Garví y Marau es
difícil porque estos nombres parecen seudónimos
o firmas de trabajo colaborativo dentro del circuito erótico de cómics de los
80, y no están ampliamente documentados en fuentes enciclopédicas. Es
común que muchos autores de cómic erótico de esa época firmaran bajo alias o
nombres abreviados por discreción editorial o por tratarse de obras sensibles
en su contexto cultural.
Porque ‘El bastardo de
Venus’ es un cómic erótico destinado explícitamente a un
público adulto incluido en la Colección
X de Ediciones La Cúpula, que se desarrolla a lo largo de unas 68
páginas en blanco y negro con un ritmo visual y narrativo pensado para explorar
temas de sensualidad, fantasía y provocación sin la atadura formal de guiones
convencionales. La obra se apoya en secuencias gráficas explícitas que alternan
escenas íntimas explícitas con momentos de tono más grotesco o caricaturesco,
creando una experiencia que oscila entre lo sexual y lo surrealista dentro del
género erótico europeo para adultos.
Leer Príncipe
Valiente y El bastardo de Venus
uno después del otro produce una sensación curiosa, casi como asistir al mismo
impulso humano visto desde dos morales distintas. En la obra de Hal Foster, la
sexualidad está siempre ahí, pero contenida, desplazada, sublimada. Se
manifiesta en miradas largas, en cuerpos idealizados que se rozan sin tocarse,
en la espera, en la promesa. El deseo existe, pero se mantiene bajo control,
sometido al orden del relato épico y a la ética caballeresca. Valiente ama,
desea y sufre, pero ese deseo jamás se desborda, se convierte en tensión
narrativa, en energía que empuja la aventura y dignifica al personaje.
En El
bastardo de Venus ocurre exactamente lo contrario. Aquello que en Príncipe Valiente se insinúa aquí se
expone sin pudor. La tensión sexual ya no necesita disfrazarse de romance ni de
destino heroico, se vuelve materia visible, central, incluso obsesiva. El
cuerpo deja de ser un símbolo del ideal humano para convertirse en el lugar
donde todo sucede. No hay espera ni promesa, el deseo se impone, se consume y
se repite. Lo que Foster mantenía en suspensión, Garví y Marau lo liberan de
golpe.
La diferencia no es solo de grado, sino de concepción
del mundo. En Foster, el erotismo está domesticado por la épica y la atracción
entre los personajes que refuerza valores como la fidelidad, la nobleza y el
sacrificio. El sexo ordena la historia desde la distancia. Por otro lado en El bastardo de Venus el erotismo ya
no organiza el relato, lo invade, no hay una moral que lo contenga ni un ideal
que lo trascienda. El deseo no conduce a una construcción heroica, sino a una
experiencia inmediata, a veces grotesca, a veces lúdica, siempre excesiva y
explícita.
Probablemente, el momento más
cargado de sexualidad en toda la historia de la serie sucedió cuando Val
confronta Aleta en la página 409, del 10 de diciembre de 1944, de ‘Prince
Valiant’, exactamente antes de raptarla. Sí, el simbolismo de la espada alzada
a la altura de la entrepierna tal vez sea un poco demasiado obvio, pero,
considerando que Foster era un maestro de la perspectiva, uno se pregunta por
qué la Espada que Canta se torna más ancha a medida que se aleja del suelo en
dirección de Aleta. También digno de atención es como las flores sembradas
delante de Aleta forman un delicado triángulo femenino que la espada está
precisamente penetrando. Cerca, en el piso, una botella de extraña forma junto
a dos copas parece realmente excitada con la escena, y además la cabeza de
Aleta esté cercada por la imagen de un semental a la carga con sus partes
pudendas detrás. Mientras tanto, todos los hombres de la corte de Aleta parecen
mirar asombrados a Val hacia el ocasional bulto sobresaliendo sugestivamente de
sus propias entrepiernas.
Definitivamente El
bastardo de Venus funciona como la cara oculta de Príncipe Valiente y expone toda esa
tensión reprimida, todo ese erotismo elegante y controlado que estalla sin
filtros. Si Foster representa una cultura que necesitaba ocultar el deseo para
preservar el ideal, Garví y Marau hablan desde otra época, una en la que el
cómic ya no tiene que fingir nobleza para existir y puede permitirse mostrar
aquello que antes solo se sugería.
Del mito al cuerpo, de la espera al exceso, de la
insinuación al gesto explícito, y en ese tránsito se revela algo esencial sobre
el cómic, que no solo cuenta historias, también refleja cómo cada época decide
mirar su propio deseo.
Enlace cómic
https://mega.nz/file/xmgmEaYA#m8r-cU611ZVE0yOk1oSCCb6g2RhxRRXh6-eKiuQw7uI





