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domingo, 30 de julio de 2023

Mi esposa se convierte en un juguete pervertido

 


Mi esposa se convierte en un juguete pervertido

Tsuma ga Hentai no Omocha ni

Autor: Círculo Doujin Mukashibanashi

Año:

Editorial:

IDI: ESP

 

Y camino hasta la bañera. Entro y me quedo erguida. Siento el agua caliente en mis pies y, en vez de calmarme, me angustio. Un oscuro pensamiento se cruza en mi mente y el pensamiento se materializa mientras noto el semen de mi amante todavía en mi vientre.

Quiero salir corriendo. Tengo la mente tan abotargada que no había caído en eso: siempre me ducho después de hacer el amor. Siempre. Hoy no ha dado tiempo. Siento cómo el esperma de mi amor baja por mi sexo.

Quiero salir. Huir. Miro hacia la puerta. Me siento débil, me flaquean las piernas. Contraigo el sexo y sintiéndome sucia, muy sucia, me siento en el agua mientras mi marido me acaricia, con ternura, la espalda.

 

Se trata de un círculo de amigos que les gusta crear estos fanzines japoneses llamados Doujins. Se llaman Mukashibanashi y sus limitadas ediciones de manga hentai se caracterizan por un argumento atrevido que se ventilan en apenas 28 páginas y un dibujo característico de colores chillones como los chillidos de las mujeres amasadas por sus pechos que  se rinden con su expresión extasiada de ojos en blanco mirando al infinito cuando se disuelven en el orgasmo continuo, mientras sus maridos al otro lado de la puerta esperan impacientes una oportunidad para hacerles el amor que nunca llega.

En este doujin una pareja con problemas económicos acceden a la voluntad de un acaudalado pervertido que vierte su imaginación en hacer de la mujer su juguete erótico mientras el marido lo graba todo en video. Todo un suplicio del que nos hacemos partícipes como en las ‘historias de mujeres casadas’ que cuentan su infidelidad como medio de desarrollo personal que siempre acaba mal, abriendo heridas mientras abren sus piernas que el marido cornudo no podrá olvidar, pero si perdonar, porque en el fondo saber que tu mujer es objeto de placer puede excitar los fetiches más pervertidos del sin sentido común.

 

La dominaba. Haría lo que él le pidiera. Ella obedeció. Cerró los ojos y entró en ese juego perverso a una pared de distancia de su marido. Apoyó la espalda contra el pecho de su amante. Sentía sus dedos dentro. Círculos sin parar. Sus piernas se debilitaron. Sus rodillas se flexionaron levemente. Él la sujetó por la cintura. Conocía su cuerpo  como el suyo propio.

—Córrete —le ordenó al oído. Los dedos de su amante se aceleraron sobre su clítoris y ella entró en ese estado de irrealidad donde ya no sabía quién era ni dónde estaba. Escuchó ordenarle de nuevo en su oído que se dejara ir.

—Córrete.

Y dejando caer su cuerpo sobre el pecho de su amante, todo lo silenciosa que pudo, se corrió.


Porque la sensación de culpa lo hace todo mejor…….

 

Enlace +18

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