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martes, 17 de febrero de 2026

Las chicas del Pillar

 


Las chicas del Pillar

Guion: Teresa Radice

Dibujo: Stefano Turconi

Año: 2019

Editorial: Nuevo Nueve

IDI: ESP

‘Las chicas del Pillar’ se lee al principio como una historia pequeña, casi íntima, y poco a poco va revelando un mundo entero hecho de ausencias, solidaridad femenina y silencios que pesan más que las palabras. Teresa Radice construye el guion con una sensibilidad que evita cualquier situación grotesca, no hay moraleja explícita ni dramatismo impostado, sino una mirada cálida y lúcida sobre un grupo de mujeres que viven y trabajan en torno al Pillar, un burdel portuario que funciona tanto como espacio físico como metáfora de jaula y refugio. La narración avanza con un ritmo pausado, dejando que los gestos cotidianos como una conversación al final del día, una mirada perdida por la ventana o un cigarrillo compartido, digan más que los grandes acontecimientos.

Varias mujeres, cada una con su pasado y sus heridas, coinciden en el Pillar en un momento de sus vidas marcado por la precariedad y la necesidad. No todas llegan por las mismas razones ni con las mismas expectativas, pero el lugar las iguala en una rutina que mezcla impureza y complicidad. A lo largo del relato, Radice va deshilando fragmentos de sus historias personales, mostrando cómo el afecto entre ellas se convierte en una forma de resistencia frente al mundo que les compra la dignidad.

El dibujo de Stefano Turconi es clave. Su trazo limpio y expresivo, con un color suave que evita contrastes agresivos, dota a cada personaje de una identidad clara sin caer en la caricatura. Hay viñetas que se quedan grabadas, como una escena nocturna en la que las chicas se apiñan en una habitación pequeña, iluminadas por una luz cálida que parece protegerlas del exterior, o un plano silencioso del muelle al amanecer, con el mar inmóvil y una sensación de espera melancólica; o esos primeros planos de rostros cansados pero atentos, donde una ceja levantada o una media sonrisa cuentan una historia entera. Turconi sabe cuándo llenar la página de detalles y cuándo vaciarla para dejar que el silencio hable, y esa economía visual refuerza el tono íntimo del guion.

La fuerza del cómic reside también en cómo texto e imagen se entrelazan sin competir. Radice confía en el dibujo y escribe diálogos contenidos, naturales, que nunca explican de más. El resultado es una lectura que exige cierta complicidad del lector, una invitación a detenerse y observar.

Teresa Radice se ha consolidado como una de las guionistas italianas más interesantes del cómic europeo contemporáneo. Con formación en lenguas y una clara vocación literaria, su obra suele girar en torno a la memoria, la identidad y los personajes que viven en los márgenes de los grandes relatos históricos o sociales. Stefano Turconi, por su parte, es un dibujante versátil, capaz de moverse entre registros juveniles y obras de mayor calado emocional sin perder elegancia ni claridad narrativa. Juntos forman un tándem muy reconocible, basado en la confianza mutua y en una idea compartida del cómic como espacio de emoción contenida más que de estridencia.

Al final los tres tomos conforman una obra con protagonistas las mujeres que explotan de forma lúcida y equilibrada con drama y aventura servida o hervida que el lector puede disfrutar con una piña colada.

Enlace

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