Lorna: Heaven is Here
Autor: Brüno
Año: 2012
Editorial: Treize Étranger (Éditions Glénat)
IDI: ESP
‘NO COMPREIS ESTE LIBRO
ES PELIGROSO PARA VOSOTROS
Y PUEDE DAÑAR VUESTRA SALUT
MENTAL, PSÍQUICA Y CÍVICA’
Brüno impresionó a finales
de 2011 con su adaptación de Atar-Gull, coescrita con Fabien Nury y
seleccionada para el Festival Internacional de Cómic de Angoulême de 2012,
donde muestra un estilo robusto y expresivo que transmite emoción con su
peculiar trazo bastante tosco salpicado de grandes áreas negras.
En este cómic, el cine es el
punto de referencia. Una narrativa fragmentada que recuerda a Kill Bill, con
secuencias adultas magistralmente estilizadas, transformaciones monstruosas y
una alienígena desnuda de treinta metros de altura. Unos personajes de una erótica
impresionante tan abrumados como los lectores por una historia con un trasfondo
místico y extravagante.
En ‘Lorna: Heaven is Here’,
el historietista francés Brüno ejecuta una magistral y desquiciada carta de
amor al cine de serie B y Z norteamericano. Lejos de ser una simple parodia o
un ejercicio nostálgico, el cómic despliega una road-movie psicotrónica donde
convergen la ciencia ficción y las películas para adultos de los años setenta,
con un estilo narrativo a lo Quentin Tarantino.
El relato se desata en el
árido desierto de Arizona, donde los hermanos Eva e Ivan sufren una avería en
su vehículo. Allí se cruzan con Henri Luxe-Butol, un hombre marcado por una
monstruosa mutación. Resulta que, para ganarse el favor de su padre científico
y de una estrella del porno, Henri robó un revolucionario desarrollador peneano
llamado Priaps. Como venganza, el inventor de la fórmula le inoculó un virus
mutágeno que lo transforma en un ser letal.
Esta chispa detona una
espiral delirante y vertiginosa en la que desfilan mujeres desnudas, militares
corruptos y extraterrestres, todo ello coronado por la aparición de Lorna, una
heroína espacial de treinta metros de altura cargada de erotismo.
Brüno no tiene ningún
escrúpulo con un guion frenético y desenfadado. Los excesos de la trama se ven
perfectamente respaldados por su estilo gráfico. Su trazo es minimalista pero
sumamente expresivo, y aprovecha de forma brillante las grandes masas de tinta
negra y una vibrante paleta de colores en bitonos, con predominio del amarillo y el negro, que
evoca la estética visual de películas como Kill Bill.
Lejos de estorbar, el
enfoque en el erotismo y la casquería absurda actúan como un vehículo para
explorar el alma del género pulp. El resultado es una obra tan incisiva como
entretenida, recomendada para lectores de mente abierta y amantes del cine de
culto que sepan apreciar el valor estético de lo bizarro.
Si
los cómics van a sobrevivir y prosperar como forma de arte, las redes sociales
y blogs dedicados a los cómics pueden crear una cultura del cómic más
enriquecida y informada por diversos actores como fans y creadores, que interactuando entre sí difundan
la buena nueva de los cómics.
Y esta podría ser la fuerza de la ‘Edad Azul’ de los cómics, aprovechar el potencial de compartir información para crear una experiencia en línea de afinidad compartida por los cómics que sea visual, conectada, accesible y con información que algún día los investigadores de diversos campos puedan aprovechar para facilitar la accesibilidad y así contribuir al bien público.
Bañémonos juntos en el mar de la Edad Azul, o simplemente compartamos el amor por este arte gráfico. Por cierto, no os perdáis el prólogo de Jean-Pierre Dionnet, donde nos cuenta con anécdotas que el álbum es una obra indispensable para entender el tebeo más macarra y contracultural.
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